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Cultura 12 de junio de 2019 Por Prof. Ricardo N. Gonzalez
La navegación y la cartografía atlánticas
Gaboto 12 de junio
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Para Portugal y España el Atlántico fue el punto de partida de su aventura expansionista, y también de sus rivalidades. Los portugueses fueron pioneros en su tentativa de contornear el continente africano. Les siguieron los españoles en su afán por llegar a la India navegando hacia Occidente, siempre con el consentimiento del Sumo Pontífice. La primera etapa de esta andadura oceánica generó importantes transformaciones de carácter técnico y científico si la comparamos con la cartografía precedente practicada en el Mediterráneo. La navegación mediterránea era sobre todo costera y los pilotos no acostumbraban alejarse del litoral durante mucho tiempo. Cuando lo hacían calculaban su posición siguiendo el rumbo y la distancia recorrida desde el punto de partida. El rumbo les era proporcionado por la brújula. La distancia era estimada por el piloto teniendo en cuenta fenómenos muy variados, como la dirección y fuerza del viento, el tipo de embarcación, la carga y las velas, entre otros. La imprecisión de este procedimiento le valió el nombre de punto de fantasía, ya que dependía más de la imaginación del piloto quede un cálculo exacto. De cualquier forma, este método no generaba grandes perturbaciones ya que era difícil pasar más de cuarenta y ocho horas sin avistar algún punto terrestre. Algo muy diferente ocurría en el Atlántico. Allí, los navegantes podían pasar varios días e incluso semanas, sin ver tierra. En este caso, ya no bastaba con conocer de forma aproximada el rumbo y la distancia, especialmente cuando los barcos tenían que cambiar de dirección con frecuencia para aprovecharla fuerza de los vientos. Fue en este contexto atlántico del siglo XV donde, por un lado, se perfeccionó la carpintería naval con la introducción de la carabela latina con velas triangulares capaces de avanzar con viento desfavorable y se adaptó, por otro lado, la astronomía clásica a la navegación, dando lugar a la navegación astronómica. Ahora la navegación atlántica pasaría a depender del cálculo de latitudes a través de la observación del Sol durante el día y la Estrella Polar durante la noche. Esta práctica requería de instrumentos astronómicos ajustados a las necesidades náuticas, como el astrolabio y el cuadrante náuticos. Atrás quedaba ya la navegación estimada y el punto de fantasía. A partir de este momento, la navegación astronómica permitiría a los pilotos conocer la posición de la nave con mayor exactitud. Esta nueva forma de echar el punto se llamaría punto de escuadría o geométrico, como lo denominaría el cosmógrafo Rodrigo Zamorano en su Compendio del arte de navegar. Al igual que la navegación, la cartografía atlántica sufrió agudos cambios técnicos. No obstante durante los primeros años de la exploración del litoral atlántico de África a manos de los portugueses, las cartas eran semejantes a las cartas portulano utilizadas en el Mediterráneo desde la Baja Edad Media. Al tratarse también de navegación costera, estas cartas eran construidas a partir de la información recogida por los navegantes en sus viajes; y la posición de los lugares dependía del punto de fantasía. 
La historia institucional de la llamada Casa de la Contratación es bien conocida; no tanto su historia científico-técnica. A pesar de que fue instaurada en Sevilla con fines puramente comerciales, las exigencias de los descubrimientos hicieron que la Casa fuera adoptando de forma progresiva nuevas competencias. De esta manera, en el transcurso de pocos años, la nueva institución hispalense pasó a ser un centro destacado de ciencia aplicada, una escuela de navegación, un centro para la hidrografía y la cosmografía dedicado a la formación de pilotos, a la construcción de cartas náuticas y otros instrumentos para la navegación y,s obre todo, a la organización y gestión de información procedente de los nuevos descubrimientos geográficos. El taller cartográfico de la Casa fue implantado oficialmente en 1508 .En ese año los Reyes Católicos crearon el cargo de Piloto Mayor y el célebre Padrón Real, el primer y único modelo cartográfico del imperio español. Américo Vespucio, testigo directo de las prácticas náuticas empleadas por los portugueses en sus viajes de exploración,fue nombrado primer Piloto Mayor de la Casa. El Piloto Mayor tenía dos grandes responsabilidades. Por un lado,enseñar a los pilotos de la Carrera de Indias las reglas básicas de la navegación astronómica, así como a saber utilizar correctamente el cuadrante, el astrolabio y la carta de marear. Por otro lado,Vespucio y sus sucesores debían construir y mantener al día el Padrón Real. En éste contexto Sebastián Gaboto se convierte en Piloto Mayor de España.

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